Pilar Martínez, vicepresidenta de CODISA PREDIF Andalucía: “Se sigue sacando a las niñas con discapacidad del sistema educativo”

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Pilar Martínez afronta su tercer mandato como presidenta de FEJIDIF, la Federación Provincial de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Jaén. Toda una histórica del movimiento asociativo de la discapacidad en Andalucía, vicepresidenta de CODISA PREDIF Andalucía, está inmersa estos días en la revisión del II Plan de Acción Integral para Mujeres con Discapacidad de la Junta de Andalucía, un proceso en el que, junto a la Administración Autonómica, participan las entidades sociales. Buena conocedora de la realidad del colectivo, lo tiene claro: las políticas de la administración autonómica en esta materia deben centrarse “para las niñas con discapacidad, en salud y educación. Para las adultas, en formación y empleo”. Los datos del Informe del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España dan fe de esta necesidad: el salario anual de las mujeres con discapacidad es un 15% inferior al del conjunto de las mujeres. La tasa de empleo, un 32%.

¿Cómo describirías la situación actual de las mujeres y niñas con discapacidad en Andalucía?

Es cierto que, avanzado el siglo XXI, se desarrollan actividades centradas en ellas, se consulta con ellas sobre cuáles son sus necesidades… Pero sigue existiendo una gran parte de las mujeres con discapacidad que no tienen ni mucho menos el nivel educativo necesario, que no participan en la sociedad… Se les ha empezado a dar más visibilidad, es cierto, y se está dando más valor a su aportación social, pero la pandemia ha provocado un retroceso a la situación anterior. Un retroceso terrible que ha llevado a muchas mujeres a estar atrapadas por las circunstancias socioeconómicas.

El empleo y el acceso a un salario digno son clave para gozar de una vida autónoma y de participación en la comunidad. ¿Es el empleo la gran cuenta pendiente respecto a las mujeres con discapacidad?

Yo creo que hay una cuestión previa. Y es la educación. Se nos saca del sistema educativo. Los hombres con discapacidad sí han tenido más oportunidades de formación porque se ha entendido que ellos sí tienen que formarse. El sistema tiene que permitir que las niñas con discapacidad terminen su ciclo educativo y el entorno tiene que permitir que esto sea así. Las familias tienen que entender que las niñas y los niños tienen los mismos derechos. Las familias deben impulsar la proyección laboral de las niñas y las mujeres. Y eso es educacional. En el sistema de empleo de FEJIDIF tenemos ejemplos en los que las mujeres deciden buscar empleo, formarse para ello y, cuando surge una oferta de empleo, en el 50% de los casos la rechazan. ¿Por qué? Por la presión de sus casas, de las familias. Por el anclaje al rol tradicional en el hogar, de cuidadora. Hay que hacer un trabajo con las familias y con las empresas también. Sigue habiendo estereotipos respecto a las mujeres con discapacidad, se entienden que “van a estar siempre malas”.

¿Las mujeres con discapacidad siguen siendo infantilizadas y siendo objeto de sobreprotección?

La realidad está cambiando con las niñas, pero con las mujeres adultas eso se pone de manifiesto. Las decisiones de las mujeres con discapacidad se toman de forma comunitaria, en la familia, sin autonomía. Eso sucede con las mujeres en general, pero con las mujeres con discapacidad se multiplica.

¿Hay diferencias también entre la realidad que se da en las zonas urbanas y las rurales?

Muchísimas. Por ejemplo, aquí, en la provincia de Jaén. Esa sobreprotección e infantilización es común. Pero en las zonas rurales, además, los servicios sociales brillan por su ausencia, no hay entidades, no hay recursos y mucho menos recursos específicos para las mujeres con discapacidad… Donde hay una asociación de personas con discapacidad se intenta proporcionar recursos e información pero con muchas dificultades por cuestiones económicas. Si hablamos de salud, del acceso a fisioterapia, todo eso en el ámbito rural prácticamente no existe. Tienes que estar con un coche en la puerta para cualquier gestión.   

¿Se ha avanzado dentro del movimiento asociativo  lo suficiente en la toma de conciencia de la desventaja social de las mujeres y niñas con discapacidad y en la necesidad de revertir esa situación?

En el movimiento asociativo, sí. De hecho, ha habido una gran incorporación de las mujeres con discapacidad a las juntas directivas. Solo eso ya fomenta la participación de otras mujeres en la actividad asociativa. Se han producido grandes cambios. Pero las mujeres tenemos que afianzarnos en esos pasos adelante y evitar retrocesos. Seguir abriendo líneas de trabajo para las niñas con discapacidad que vienen detrás.

Pilar, participas, en representación de CODISA PREDIF Andalucía en la revisión del II Plan de Acción Integral para Mujeres con Discapacidad de la Junta de Andalucía, el documento que debe servir para coordinar las políticas de la Administración Autonómica en las políticas y medidas destinadas a dar respuesta a las necesidades de las mujeres y niñas con discapacidad. A tu juicio, ¿en qué cuestiones debería centrarse este Plan?

Primero, en hacer un buen diagnóstico, que no está hecho. Hablamos de avances pero no sabemos realmente cuántas mujeres con discapacidad son las verdaderas dueñas de sus vidas. A partir de ahí… Se necesitan soluciones en salud, en economía, empleo, formación. Está todo por hacer. Especialmente, en política educativa, como decía antes, hay que propiciar que las niñas continúen en el sistema educativo. Pero las medidas tienen que ajustarse a lo que realmente falta y para eso se necesitan datos, un buen diagnóstico porque, si no, puede ser un desperdicio de recursos… Yo creo que la Junta de Andalucía y los ayuntamientos cuentan con un tejido asociativo preparado, profesionalizado, con conocimiento para hacer ese diagnóstico y fijar objetivos estratégicos. Para las niñas con discapacidad, especialmente, en salud y educación. Para las adultas, en formación y empleo. A partir de ahí, vivienda, familia, maternidad…

En lo personal, Pilar. ¿Te has sentido discriminada como mujer con discapacidad?

Yo no he sentido discriminación o no he sabido percibirla. La mayor discriminación que sí he sentido viene por la falta de accesibilidad. El entorno me ha impedido hacer muchas cosas. Hay un ámbito en el que la Ley de Atención a las Personas en Situación de Dependencia no ha llegado a entrar, y es en ayudar a realizar las actividades instrumentales de la vida diaria. Y eso es un gran hándicap. En la provincia de Jaén, además de la ausencia de transporte adaptado, hay falta de accesibilidad en espacios públicos, en instituciones… El otro día me volvieron a convocar para una reunión en un lugar en el que habré dicho doscientas veces que no es accesible.

Tras todo este retrato, ¿eres optimista respecto al horizonte de las mujeres y niñas con discapacidad?

Sí, soy optimista. Creo muchísimo en las mujeres con discapacidad. El camino no será fácil, pero empujamos para hacer realidad el objetivo de la igualdad de oportunidades.      

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