“Si consigo el carnet de conducir, tendré más oportunidades de trabajo”

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Un accidente laboral estuvo a punto de acabar con la vida de Lucian Grigor en 2008. El cirujano que le operó le salvó, pero no ha vuelto a tener un empleo estable. Ahora es parte del alumnado del curso ‘Conductor de Transporte Adaptado’, con el que CODISA PREDIF Andalucía impulsa la inserción en el mercado de trabajo de personas con discapacidad.

La vida a veces golpea duro. Duro y sin avisar. Esa lección la aprendió hace tiempo Lucian Grigor, 52 años, rumano de origen y cordobés por derecho. El golpe lo recibió en 2008 y desde entonces lidia con las consecuencias: una evidente cojera por una pierna que que no siempre responde. “A veces me duele, a veces va o no va. Es como si un enchufe estuviera mal. Me falla el nervio femoral”, dice Lucian en correctísimo castellano con soniquete de los Cárpatos antes de regresar a aquel día de 2008 en el que la vida le dio fuerte.

Los alumnos y alumnas del curso durante una de las clases en la Autoescuela CEFOCO

Hacía seis meses que vivía en España, en un pueblo de Jaén. Había dejado Rumanía, un país sumido en una crisis económica que parece eterna. Su historia es como la de tantos otros en su país. Recibió la llamada de un amigo que ya había emigrado. En la empresa en la que trabajaba, le dijo el amigo, necesitaban a un carpintero. “Uno de los buenos”, como Lucian. Y Lucian se vino y empezó a trabajar. Y todo iba bien hasta ese día en el que, descargando madera, una máquina cayó con todo su peso sobre su pierna izquierda. Horas de agonía hasta liberarlo. Dolor. Un trabajo sin alta en la Seguridad Social. Miedo. Luces de ambulancia. El cirujano que solventa la hemorragia de la arteria femoral y le salva la vida y la pierna. Y ese nervio que queda dañado para siempre y que le deja la discapacidad.

“Una oportunidad extraordinaria”

Han pasado 13 años. Lucian es hoy uno de los diez alumnos y alumnas con discapacidad y en desempleo del curso ‘Conductor de Transporte Adaptado’, que CODISA PREDIF Andalucía ha puesto en marcha con el apoyo de la Fundación ONCE y del Fondo Social Europeo. El objetivo, impulsar su inserción laboral. “Es una oportunidad extraordinaria. Si consigo el carnet y un coche propio, tendré más posibilidades de trabajo”, afirma Lucian. Su historia es una de esas que justifican de sobra la apuesta de la organización por proyectos que tienen como objetivo facilitar el acceso al mercado laboral de las personas con discapacidad. Una vía para combatir las altas tasas de pobreza en el colectivo. Y esta, la dura historia de un hombre jovial y corpulento procedente de Transilvania que no termina ni mucho menos en aquel quirófano de Jaén.

“Me sentía muy frustrado. Para mí, 100 kilos era como un juguete y después del accidente no podía levantar ni 20. Tuve depresión. No hablaba español. No conocía a nadie. No sabía dónde pedir ayuda”. El carpintero terminó sin trabajo, sin dinero y viviendo en la calle. “Alguien me enseñó a comer de la basura. En aquel momento los supermercados tiraban mucha comida a la basura”. Lucian sobrevivió ocho meses en las calles de Jaén hasta que fue rescatado, enfermo de escorbuto, por Cruz Roja. Después se trasladaría definitivamente a Córdoba para vivir, al principio en un albergue.

Lucian Grigor durante la clase

El accidente en aquel trabajo sin alta en la Seguridad Socialse saldó años más tarde en un procedimiento judicial con una indemnización más que exigua que le permitió sobrevivir y alquilar un piso pero que acabó agotándose por la falta de oportunidades laborales y de otros ingresos al margen de la renta mínima de inserción.  

“Mi ciudad, Sibiu, está rodeada de naturaleza. Está a más de 1.000 metros de altura. Me gusta mucho la naturaleza y es lo que más echo de menos. Y a mi hijo, claro, que ahora vive en Viena. Estoy bien en Córdoba. A veces tropiezo con la xenofobia, aunque empiezo a acostumbrarme. Son personas ignorantes que no saben que los inmigrantes somos personas como cualquiera o que piensan que somos idiotas”.

Lucian Grigor relata detalles de su vida en estos 13 años tras la última clase teórica del curso ‘Conductor de Transporte Adaptado’. “Me está costando asimilar toda la teoría, sobre todo por el vocabulario”. Han sido 170 horas de clases en la autoescuela CEFOCO, mucho tiempo de estudio también en casa y en breve se presentará al examen. Por delante, 110 horas de prácticas en el servicio de transporte adaptado de FEPAMIC, una de las entidades miembro de CODISA PREDIF Andalucía. Había perdido anteriormente algunas posibilidades de empleo por carecer de licencia para conducir y espera que su suerte cambie definitivamente.

¿Qué te ha enseñado la vida en este tiempo? “Que es dura”, responde Lucian.     

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